Italia 1 - Francia 1 (5-3 pen.)
Goles: 0-1: Zidane (p.) (6'); 1-1: Materazzi (19').
Penaltis: Pirlo - Gol; Wiltord - Gol; Materazzi - Gol; Trezeguet - Fallo; De Rossi - Gol; Abidal - Gol; Del Piero - Gol; Sagnol - Gol; Grosso - Gol.
CALIENTE
Materazzi. El hombre de la final y quizá, por la relevancia y el revuelo que ha creado todo lo que ha hecho (deportiva y extradeportivamente hablando), del Mundial. Sustituyó correctamente a Nesta, convirtió el gol del empate con un soberbio cabezazo y, además, forzó la expulsión de Zidane.
TEMPLADO
Gianluigi Buffon, que, pese a no tener una actuación demasiado acertada en la definitiva tanda de penaltis, salvó a su selección en la prórroga, con una sobrenatural parada a un cabezazo a bocajarro de Zinedine Zidane. Sólo ha encajado dos goles, siendo uno en propia puerta y otro de penalti en la propia final, y se ha mostrado muy sobrio y seguro. Merecidísimo premio "Lev Yashin" para el mejor portero del planeta.
FRÍO
Totti y
Toni. La "doble T" transalpina no se ha mostrado al nivel que se le presuponía al comienzo del torneo, cuajando actuaciones grises que encontraron continuidad en una final en la que, sin embargo, mostraron algunos detalles sueltos de gran calidad (véase el gol anulado a Toni y el anterior cabezazo al larguero también del atacante de la Fiorentina), confirmando que estamos ante jugadores decisivos.
CALIENTE
Makelele. Infatigable. Omnipresente. El pulmón de los franceses en la medular. Poco más se puede destacar del jugador del Chelsea que no se haya dicho ya. Su labor es tan oscura como encomiable.
TEMPLADO
Vieira, que, hasta su forzosa retirada del terreno de juego, había sido lo más destacado de los
bleus, actuando como comodín en el medio del campo y encauzando todo el juego de su equipo, que encontraba en él al perfecto conductor del peligro francés, gracias a sus recuperaciones y a su temible zancada.
FRÍO
Zidane. Cuando convirtió el penalti a lo Panenka, con toneladas de elegancia, inusitada sangre fría y una indudable dosis de fortuna, todos estábamos convencidos de que esta era su final. Sin embargo, Zizou se encargó, poco después, de quitarnos súbitamente y de una esperpéntica forma esa idea de la cabeza. La tan manida frase de "demasiado genio, para lo bueno y para lo malo" refleja perfectamente su actuación.
LA FOTO DEL PARTIDO:
Difícil decantarse por una. Escojan ustedes mismos.