Eddie Johnson, que con su movilidad e intensidad creó algunas reseñables ocasiones de peligro en la segunda parte, mostrándose mucho más activo que los atacantes que alineó Bruce Arena de inicio y reclamando un puesto en el once inicial para la segunda jornada.
TEMPLADO
Convey y Reyna, que, uno con sus internadas por la banda zurda y el otro con sus disparos lejanos (uno de los cuales chocó contra el poste), fueron, de largo, lo más destacado del centro del campo estadounidense.
FRÍO
Donovan y Beasley. En teoría, los dos que debían tirar del carro; en la práctica: desaparecidos en combate.
CALIENTE
Tomas Rosicky, que mostró al mundo sus cualidades: excelente trato del balón y magnífico golpeo (lo que se tradujo en uno de los mejores goles de lo que llevamos de Mundial). Fue un peligro constante y trajo por la calle de la amargura a los defensas norteamericanos, mostrando a las claras la explicación al interés que despertó en su día en el seno del Atlético de Madrid. Lamentablemente para unos y afortunadamente para otros, el año que viene jugará en Highbury.
TEMPLADO
Grygera y Plasil, los jugadores de banda de Chequia, que, aunque estuvieron algo intermitentes, crearon peligro y mostraron detalles de mucha calidad.
FRÍO
Vratislav Lokvenc, que entró sustituyendo al lesionado Koller, intentando hacer olvidar al ya ex jugador del Dortmund, y lo único que consiguió fue dejar patente que no es sino una mala imitación de éste.
LA FOTO DEL PARTIDO:
Rosicky se exhibió ante los EE.UU. (AFP)
Los tres tantos de los checos suponen la victoria más clara de la Copa del Mundo hasta el momento. Aquella República Checa que maravilló en Portugal parece estar de vuelta.